jueves, 15 de diciembre de 2022

SP 10. Brisa en las horas de fuego.

Siguiendo los pasos de la Secuencia de Pentecostés contemplamos ahora a Dios Espíritu Santo como "brisa en las horas de fuego". Cuando todo parece quemarse en nuestro corazón y la vida espiritual amenaza con convertirse en una nada de cenizas, entra en escena el Espíritu Santo, brisa fresca que reaviva el rescoldo del alma y la vuelve hacia el Amado.

¡Ven, Espíritu Santo! ...
 ¡BRISA EN LAS HORAS DE FUEGO!

Agua, viento y fuego son símbolos ambivalentes; pueden significar vida o muerte; el agua limpia y refresca pero también ahoga; el viento puede ser refrescante pero también puede ser aire solano que todo lo seca; y el fuego ilumina, da calor y purifica pero también quema y destruye. Decir del Espíritu Santo que es “brisa en las horas de fuego” supone tener en cuenta estas ambivalencias.

Cuando perdemos los ánimos y nos arrebata la ira solemos decir “estoy que ardo”, o “la cosa está que arde”, y tal parece que es, porque echamos fuego y humo por boca y ojos.  También solemos decir “estoy quemado” cuando vivo momentos que considero infructuosos a pesar de los esfuerzos, o cuando caigo en un activismo insensato y el estrés hace su aparición.

En estas situaciones de sequedad espiritual invocamos al Espíritu como “brisa en las horas de fuego” a fin de que riegue con su suave frescor al alma y le restituya la salud primera. Nos puede ayudar a entender esto el comentario de san Juan de la Cruz a esta estrofa del Cantico espiritual:

Detente, cierzo muerto;
ven, austro, que recuerdas los amores,
aspira por mi huerto,
y corran sus olores,
y pacerá el Amado entre las flores.

Si consideras al viento cierzo como un fuego que aunque frío por su sequedad quema las plantas y al austro como suave brisa que refresca y reverdece, puedes iluminar lo que la secuencia de Pentecostés quiere decirte al definir al Espíritu Santo como brisa en las horas de fuego:

Detente, cierzo muerto. “El cierzo -dice el santo carmelita- es un viento frío y seco, y marchita las flores; y porque la sequedad espiritual hace ese mismo efecto en el alma donde mora, la llama cierzo, y muerto, porque apaga y mata la suavidad y jugo espiritual; por el efecto que hace, la llama cierzo muerto. Y deseando la esposa conservarse en la suavidad de su amor, dice a la sequedad que se detenga...

Ven, austro, que recuerdas los amores. "El austro es otro viento, que vulgarmente se llama ábrego. Este es aire apacible, causa lluvias y hace germinar las yerbas y plantas, y abrir las flores y derramar su olor; tiene los efectos contrarios al cierzo. Y así, por este aire entiende aquí el alma al Espíritu Santo, el cual dice que recuerda los amores; porque cuando este divino aire embiste en el alma, de tal manera la inflama toda y regala y aviva, y recuerda la voluntad y levanta los apetitos (que antes estaban caídos y dormidos) al amor de Dios, que se puede bien decir, que recuerda los amores de él y de ella". (Cantico 26, 2-3; C B,17)

¡Qué bien lo expresa san Juan de la Cruz! El Espíritu Santo es brisa que en las horas de fuego, cuando el amor parece haberse helado y secado en el corazón, revive el rescoldo de los amores habidos entre el alma y Dios levantando así los deseos de recobrarlos por el retorno al Amado.

Ya sabes: cuando el cansancio y la sequedad espiritual hacen mella en tu alma invoca al Espíritu. "Ven, Espíritu divino, ... brisa en las horas de fuego!

* * *


MEDITACIÓN

No olvides, antes de nada, dedicar tu oración para bien de todos y de todo: 

"Señor y Dios mío,
 ofrezco esta oración 
para mayor gloria tuya, 
para bien de toda la la humanidad 
y beneficio de toda la creación. 

Gloria a Ti, 
Señor del universo.
Amén".

1. Es importante la quietud del cuerpo que ayude a la quietud total de cuerpo y alma; así pues descansa tu cuerpo en la postura más adecuada para mantener la quietud; y descarga tu alma de  pensamientos, emociones, deseos. Hazte presente a ti para estar con Él. 

2.  Haz unas respiraciones abdominales sintiendo como tu vientre se mueve empujado por el diafragma. Déjate llevar por ese movimiento y deja que su onda se vaya expandiendo a todas las partes de tu cuerpo.

3. Hoy te puedes dejar llevar especialmente por la respiración en tu meditación. Siente que el aire fresco que entra por tu nariz cada vez que inhalas es el Espíritu Santo, brisa suave que refresca todo tu ser; siente como riega la tráquea y los bronquios hasta llenar de vida los pulmones. En la exhalación siente que el aire sale más cálido, como si soltaras preocupaciones, tensiones, estrés, miedos. Disfruta del Espíritu que revitaliza tu alma y suelta los venenos al ritmo de tu  respiración.   ¡Ven, Espíritu Divino, ... brisa en las horas de fuego!  Permanezco así, en silencio, 15 minutos. Si me distraigo vuelvo a la conciencia de mi respiración sintiendo al Espíritu  como "brisa en las horas de fuego!
 
4. Puedes terminar escuchando con serenidad el canto Ven, espíritu divino.

6.  Haces tres inspiraciones profundas y sales suavemente del ejercicio.

6. No olvides pararte y tomar nota de lo vivido y de las mociones (movimientos interiores, deseos de cambiarte o cambiar algo) sentidas.

Diciembre 2022

martes, 29 de noviembre de 2022

SP 9. Tregua en el duro trabajo

 Novena enseñanza y oración sobre la Secuencia. En este caso contemplamos a Dios Espíritu Santo como "tregua en el duro trabajo". Dios nunca va a hacer por ti lo que tú puedes hacer por ti mismo, tanto en tu interioridad como en tus compromisos cristianos exteriores. Pero ten la confianza y la seguridad de que cuando tus fuerzas desfallecen Él acudirá en tu ayuda  concediéndote una tregua, un descanso reparador  en la batalla que libras.

¡Ven, Espíritu Santo,...
... TREGUA EN EL DURO TRABAJO!

La vida espiritual tiene sus dificultades: dudas que buscan respuestas, cansancio que inclina al abandono, caídas de las que hay que levantarse, etc. Madurar en la vida espiritual, que de principio parece fácil, supone un esfuerzo constante y paciente.

San Pablo pide a Timoteo que tome parte en “los duros trabajos del evangelio según las fuerzas que Dios te dé”(1 Tm 1,10). Si evangelizar es duro en un mundo secularizado e indiferente a lo religioso como el nuestro no es menos dura la renovación espiritual de cada persona que se embarca en procurarse un cambio en profundidad. El proceso de cambio interior encuentra tanta oposición al interior de  la  persona como en el entorno social; no olvides que el individuo no deja de ser parte de la totalidad. La resistencia que el mundo presenta al evangelio es la suma de la resistencia que cada persona ofrece. El egocentrismo (pecado) personal es tan difícil de erradicar como el  estructural.

A las tareas espirituales necesarias para soltar los apetitos del alma san Juan de la Cruz las llama  “trabajos”· Y no ve en ellos un obstáculo sino una oportunidad para crecer: “Más vale estar cargado junto al fuerte que aliviado junto al flaco: cuando estás cargado, estás junto a Dios, que es tu fortaleza, el cual está con los atribulados; cuando estás aliviado, estás junto a ti, que eres tu misma flaqueza; porque la virtud y fuerza del alma en los trabajos de paciencia crece y se confirma”. (Dichos de luz y amor, 4)

Dios sabe que no es fácil llevar la carga de trabajos interiores. Cuando se sueltan los lazos  de lo que hasta ahora ha sostenido la vida sobreviene un vacío que da miedo. Intentas vivir en la dificultad y lo desagradable,  pero ¿quién puede con esto? Nadie, a no ser que Dios venga en ayuda del alma. Sin él no podemos nada; con Él todo es posible. 

Cuando Elías huía de Jezabel, el hambre, el cansancio y el sueño le pudieron hasta el punto de desearse la muerte: pero Dios no le abandonó. “El ángel del Señor lo tocó y dijo: «Levántate y come, pues el camino que te queda es muy largo».  Elías se levantó, comió, bebió y, con la fuerza de aquella comida, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios” (1 Re 19,7-8). Esta escena Bíblica ilustra muy bien el sentir del verso que nos ocupa: El Espíritu Santo como “tregua en el duro trabajo”, descanso que repara fuerzas y anima a seguir adelante.

¡Qué mejor momento para invocar al Espíritu que esos momentos en los que el alma desfallece! Y sin duda será oída por Dios que no falta a la cita con quien le invoca en la tribulación (Rm 10,13)!.

Pues ya sabes; cuando el cansancio debido a los duros trabajos de la fidelidad te abruma, grita: ¡Ven, Espíritu Santo, … tregua en el duro trabajo!


* * *
MEDITACIÓN

No olvides, antes de nada, dedicar tu oración para bien de todos y de todo: 

"Padre creador, 
Hijo redentor, 
Espíritu santificador, 
Trinidad santa.

 Ofrezco esta oración 
para mayor gloria tuya, 
para bien de toda la la humanidad 
y beneficio de toda la creación. 

Gloria a Ti, 
Señor del universo.
Amén".

1. Como siempre, descansa tu cuerpo con la postura adecuada para la quietud,  y descarga tu alma de  pensamientos, emociones, deseos. Hazte presente a ti para estar con Él. 

2.  Trae a tu presencia los cansancios de tu vida, los agobios y problemas que te abruman en este momento. Ponlos ante ti y ámalos, porque son tu cruz, la que te hace digno o digna de Jesús (Mt 10,38). Recuerda lo que dice san Juan de la Cruz: cuando estás cargado, estás junto a Dios, que es tu fortaleza, porque Él está con los atribulados. Siente, pues, que Dios no te abandona en la tribulación. 

3.Afiánzate en la seguridad de que el Señor "levanta del polvo al desvalido" (Sal113,7) Dile: “Quédate conmigo, Señor, en la tribulación, porque Tú eres mi refugio” (cf Sal 90, 1-2). Cuando la tiniebla me rodea, el Señor es mi refugio, el techo que me cobija, la tregua de mi descanso.

4. ¡Ven, Espíritu Divino, ... tregua en mis duros trabajos espirituales! Al ritmo sosegado de mi respiración me digo estas palabras: ¡VEN, ESPIRITU DIVINO, ... TREGUA EN MIS DUROS TRABAJOS!  O simplemente me dejo llevar por la sensación de fuerza y energía que recibo en cada inhalación y por  la sensación de descarga de peso que me sugiere la exhalación.  Permanezco así, en silencio, 15 minutos. Si me distraigo vuelvo a conciencia de mi sensación de fuerza e n la inhalación y de descarga en la exhalación. 
 
5. Puedes terminar escuchando con serenidad el canto de Taizé : Nada te turbe

6.  Haces tres inspiraciones profundas y sales suavemente del ejercicio.

6. No olvides pararte y tomar nota de lo vivido y de las mociones (deseos de cambiarte o cambiar algo) sentidas.

Noviembre 2022




miércoles, 16 de noviembre de 2022

Orar no es sentir a Dios (Jean Danielou)

He encontrado este texto en el libro Contemplación: crecimiento en la Iglesia (1977), de Jean Danielou. Os lo transcribo porque me parece clarificador para nuestra oración en tiempos en que acostumbramos a verla sólo desde nuestra orilla y muy atados a la sensibilidad. Muchos de nuestros cansancios y abandonos nacen de la obsesión subjetivista que nos hace valorar las cosas desde el criterio del gusto o disgusto personal. Espero que hagáis de lo escrito una reflexión pausada; lo que se expone, como todo lo que escribe este autor, tiene mucha densidad.


Orar no es sentir a Dios. Hacer de la sensibilidad el termómetro de la religión conduce a ciertas aberraciones. Esto es verdad en todas las relaciones personales: el amor se sitúa más allá de la sensibilidad, lo que no quiere decir que se la desprecie. Ella es la maravillosa resonancia del amor a través de una cierta armonía del ser. El amor es el hecho de una comunicación que se establece entre dos seres y que se sitúa a un nivel más profundo que las zonas del sentir.

La sinceridad no consiste en poner los comportamientos en relación con los estados del alma, sino, por el contrario, en mantener los comportamientos pese a los estados de ánimo, en mantener las fidelidades profundas, pese a las infidelidades superficiales. Ser sincero es ser fiel a aquello a lo que se ha dado realmente el corazón en la plenitud de la libertad; es lo que debe ser en el matrimonio, en la amistad, pese a todas las vicisitudes exteriores posibles. Amar a Dios es saber que podemos contar con Dios y que Dios puede contar con nosotros pese a nuestras complicaciones sentimentales…

Hay que apartar, pues, la sustancia de la oración de las vicisitudes de nuestra experiencia o de nuestra sensibilidad religiosa, pues se funda en algo que está más allá: la oración es la expresión de nuestra relación fundamental con Dios…

Dos cosas importan en la oración: hacerla y dejar que Dios cumpla su obra en nosotros. A veces el Espíritu Santo toca nuestro corazón, nos convierte verdaderamente (cuando hace caer tal obstáculo, tal antipatía, cuando nos hace descubrir lo que es la humildad), nos hace sentir lo que es amar a Dios. Pero estas llamadas del Espíritu Santo, que son esenciales porque sabemos bien que no provienen de nosotros, Dios nos las da cuando quiere…


Lo esencial en la oración cristiana es ser conmovidos por otro, y establecer entre Dios y nosotros una comunicación de amor, lo que está más allá de todas las técnicas, pues lo propio de una persona es escapar a todas las técnicas. Además, las luces espirituales no siempre van unidas al tiempo de la oración: María de la Encarnación declara que sus más grandes revelaciones sobre la Santísima Trinidad le fueron dadas cuando hacía rodar toneles sobre los malecones de Tours. 

Es, en efecto, sorprendente ver cómo ciertas almas secas en la oración reciben asombrosas luces espirituales durante sus otras actividades. Esto muestra la soberana libertad de la gracia de Dios. ¡Aún así hay que haber sido fiel a la hora de oración! La oración sería, en efecto, sospechosa si estuviera demasiado ligada a una cierta sensibilidad. San Juan de la Cruz es casi demasiado severo a este respecto; san Ignacio es más humano y hace mucho caso de las consolaciones espirituales que nos ayudan, pero la “golosina espiritual” sería buscar en la oración más satisfacción personal que el dar a Dios la gloria que se le debe.

La oración hoy es también combate, un testimonio en un mundo en que el hombre tiende a encerrarse en el hombre.


JEAN DANIELOU, Contemplación: 
Crecimiento en la Iglesia, 26-28; 
citado por Marianne Schlosser, 
Teología de la oración, 258-259, 
Salamanca, 2018.

Noviembre 2022
Casto Acedo 

jueves, 10 de noviembre de 2022

SP 7. Ven, dulce huésped del alma.

Comenzamos el comentario a la segunda estrofa de la Secuencia: ¡Ven, dulce huésped del alma, / descanso de nuestro esfuerzo, /tregua en el duro trabajo, /brisa en las horas de fuego, / gozo que enjuga las lágrimas / y reconforta en los duelos. 

Hoy nos ocupamos de mirar al Espíritu como "dulce huésped del alma", séptimo verso.


Dios está en todas partes. Pero su presencia se siente especialmente cuando la consciencia alcanza a ver que también está en el interior de la persona. San Agustín, tras una larga búsqueda, vino a hallarle ahí: “Tú estabas dentro de mí, y yo fuera, y por fuera te buscaba, y me lanzaba sobre las cosas hermosas creadas por Ti. Tú estabas conmigo y yo no estaba contigo”. Le buscaba fuera y estaba dentro; y su conversión no fue total hasta que experimentó la presencia de Dios interior intimo meo (más interior que lo más íntimo mío; el Espíritu Santo me habita, es huésped de honor en mi interior.

Santa Teresa de Jesús recurre a esta imagen del huésped para hablarle a sus hijas de Dios. Lo hace con tal gracia y sencillez que merece la pena transcribir sus palabras como  comentario al verso de hoy: ¡Ven, dulce huésped del alma!.

"Ya sabéis que Dios está en todas partes. Pues claro está que adonde está el rey, allí dicen está la corte. En fin, que adonde está Dios, es el cielo. Sin duda lo podéis creer que adonde está Su Majestad está toda la gloria. Pues mirad que dice San Agustín que le buscaba en muchas partes y que le vino a hallar dentro de sí mismo. ¿Pensáis que importa poco para un alma derramada entender esta verdad y ver que no ha menester para hablar con su Padre Eterno ir al cielo, ni para regalarse con El, ni ha menester hablar a voces? Por paso que hable, está tan cerca que nos oirá. Ni ha menester alas para ir a buscarle, sino ponerse en soledad y mirarle dentro de sí y no extrañarse de tan buen huésped; sino con gran humildad hablarle como a padre, pedirle como a padre, contarle sus trabajos, pedirle remedio para ellos, entendiendo que no es digna de ser su hija". (Camino 28, 2)

También cuenta la santa la experiencia de éxtasis o arrobamiento que tuvo en la víspera (vigilia) de Pentecostés, después de misa, recién comulgada, se supone. le ayudó también como preparación al encuentro con el Huésped la lectura espiritual; en este caso el comentario de un Cartujo sobre la fiesta del Espíritu Santo. 

Como Dios le da a entender describe con palabras su experiencia: el ímpetu del Espíritu le toca con fuerza y altera su alma, que "parecía se me quería salir del cuerpo", "perdiéndose en sí de sí", para luego traerle sosiego y quietud:

"Estaba un día, víspera del Espíritu Santo, después de misa. Fuime a una parte bien apartada, adonde yo rezaba muchas veces, y comencé a leer en un Cartujano esta fiesta. Y leyendo las señales que han de tener los que comienzan y aprovechan y los perfectos, para entender está con ellos el Espíritu Santo, leídos estos tres estados, parecióme, por la bondad de Dios, que no dejaba de estar conmigo, a lo que yo podía entender. … Parecía que el alma se me quería salir del cuerpo, porque no cabía en ella ni se hallaba capaz de esperar tanto bien. Era ímpetu tan excesivo, que no me podía valer y, a mi parecer, diferente de otras veces, ni entendía qué había el alma, ni qué quería, que tan alterada estaba. Arriméme, que aun sentada no podía estar, porque la fuerza natural me faltaba toda...

... Estando en esto, veo sobre mi cabeza una paloma, bien diferente de las de acá, porque no tenía estas plumas, sino las alas de unas conchicas que echaban de sí gran resplandor. Era grande más que paloma. Paréceme que oía el ruido que hacía con las alas. Estaría aleando espacio de un avemaría. Ya el alma estaba de tal suerte, que, perdiéndose a sí de sí, la perdió de vista. Sosegóse el espíritu con tan buen huésped, que, según mi parecer, la merced tan maravillosa le debía de desasosegar y espantar; y como comenzó a gozarla, quitósele el miedo y comenzó la quietud con el gozo, quedando en arrobamiento". (Vida 38,9-10).

Muy acertadas para la meditación de hoy las palabras y el testimonio de Santa Teresa. Creo que son suficientes para entender la cualidad de Dios Espíritu Santo como huésped del alma, que "descoloca" y aquieta a la vez.
* * *


MEDITACIÓN

No olvides, antes de nada, dedicar tu oración para bien de todos y de todo: 

"Padre creador, 
Hijo redentor, 
Espíritu santificador, 
Trinidad santa.

 Ofrezco esta oración 
para mayor gloria tuya, 
para bien de toda la la humanidad 
y beneficio de toda la creación. 

Gloria al Padre, 
y al Hijo 
y al Espíritu Santo, 
como era en el principio,
ahora y siempre 
por los siglos de los siglos. 
Amén".

1. Como siempre, aquieta tu cuerpo (postura adecuada para la inmovilidad) y tu alma (soltar pensamientos, emociones, deseos). Hazte presente a ti para estar con Él.

2.  "Sosegóse el espíritu con tan buen huésped".  Puedo hacer mía la palabra "huésped", alguien que encuentra hospedería, refugio. Que Dios se refugie en mi rompe los esquemas a los que estoy habituado.  Son cosas del amor: Dios me ama y viene a mí.  Se hospeda en mí esperando que yo me hospede en Él;  su venida y presencia a mi casa es una invitación a refugiarme en Él.  Huésped: tú en mí y yo en ti.  Te he buscado fuera y tú estás dentro. Huésped. 

3. Al ritmo sosegado de mi respiración me dejo invadir por el viento del Espíritu que en cada inhalación se adentra en mi cuerpo y en mi alma, en mi. Recito interiormente: ¡VEN, DULCE HUÉSPED DEL ALMA!  Permanezco así, en silencio, 15 minutos. 

4. Puedes terminar escuchando el canto: Qué bien se está aquí.

5.  Haces tres inspiraciones profundas y sales suavemente del ejercicio.

6. No olvides pararte y tomar nota de lo vivido y de las mociones (deseos de cambiarte o cambiar algo) sentidas.

No abandones el ejercicio del silencio y  la oración diaria

Casto Acedo. Noviembre 2022.

jueves, 3 de noviembre de 2022

SP 6. Fuente del mayor consuelo.

Comentamos aquí el último verso de la primera estrofa se la Secuencia de PentecostésRecuerda que para leer la secuencia completa sólo tienes que clicar la foto. Este verso define al Espíritu Santo como fuente, o como agua que sacia la sed del peregrino. Invita a pedir el Espíritu Santo en los momentos duros cuando la vida aprieta con circunstancias adversas en lo material o en lo espiritual. En estos momentos se suele pedir el consuelo de Dios.


¡Ven, Espíritu divino, ...
FUENTE DEL MAYOR CONSUELO!

Todos hemos pasado alguna vez momentos en los que el corazón sufre desconsuelo,  sequedad, vacío absoluto; momentos en los que ni la cosas de Dios ni la de los hombres lograron dar sentido a la vida. Son como parones en seco en la vida espiritual, se ha gustado la miel y cuando se la pierde ya no se quiere otra cosa. 

En situaciones así la oración se hace tediosa. Por un lado estoy ahíto de una sociedad consumista y no me apetece volver a ella,  por el otro tengo la sensación de que Dios está ausente.  ¿Para qué seguir invocando el Nombre de Dios si parece haberme olvidado?

Aquí encuentra su lugar la invocación de hoy: ¡Ven, Espíritu divino, fuente del mayor consuelo! Ahora más que nunca debes volver la mirada a Dios y mantenerte en pie. Los santos místicos hablan de desolación o de noche oscura. 

En los momentos de sequedad se pone a prueba la fe, que saldrá fortalecida si se mantiene alerta por la esperanza presente. Con esta esperanza clama san Juan de la Cruz; “qué bien se yo la fonte que mana y corre, / aunque es de noche”.

Cuando camines por cañadas oscuras no abandones este clamor en la oración; para ello ejercita la virtud de la perseverancia, la persistencia en seguir caminando mientras las fuerzas lo permitan.  Confía: "Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas?  Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?". (Lc 18,7-8).

Ya has experimentado otros días difíciles en los que Dios respondió  enviando a tu vida la lluvia de su Espíritu. Te cogió de su mano, te llevó en volandas.

 Quiero que sepas que te volverá a soltar para que madures y aprendas a caminar por tu pie. Cuando lo haga y te parezca que ya no está, no dejes de regar el huerto de tu alma  con el  agua de la oración. 

Y muy importante: no olvides que hay una fuente de agua viva siempre abierta a la que te puedes encaminar cuando la fe flaquea: la Eucaristía. En ella puedes deleitarte con el agua del Espíritu, el mayor consuelo.  “Aquesta eterna fonte está escondida / en este vivo pan por darnos vida / aunque es de  noche”. 

¡Qué bien lo supo expresar con estos versos el maestro del Carmelo. "Aquesta viva fuente que deseo / en este pan de vida yo lo veo / aunque es de noche". 


* * *

MEDITACIÓN

1. Hoy te aconsejo que para orar, si te es posible, vayas a un lugar donde esté expuesto o reservado el Santísimo Sacramento. Haz que el camino que recorras hasta allí sea también oración. Te diriges en fe  (oscuridad) a ese lugar donde se halla la fuente que sacia tu sed.

2.  No olvides, antes de nada, dedicar tu oración: "Padre Creador, Hijo Redentor, Espíritu Santificador, Trinidad Santa. Que este espacio de oración sea para mayor gloria tuya, para bien dela humanidad y beneficio de toda la creación. Amén"

3. Puesto ante el Santísimo, tras hacer unas respiraciones abdominales suaves, serena tu alma: pensamientos, emociones, deseos… deja ir todo lo que oscurezca tu vida en estos momentos. Déjate envolver por el silencio.

4. La oración es un trabajo por el que, como dice santa Teresa, riegas el huerto que es tu alma. Hay días en que resulta más difícil y es como sacar agua con un cigüeñal o con cubos. Si vives un día así, de sequedad y necesidad de imponerte a ti mismo una disciplina mayor, no te desanimes. Míralo como una oportunidad de hacer una oración más pura, menos interesada, poniendo más de tu parte.

5. Dios va madurando tu vida con el sentimiento de su ausencia. Los días de sequedad hay que afrontarlos con fe. Haz, pues, un acto de fe y repite:  ¡Ven a mi alma; empapa con tu agua mi sequedad!. Fíjate en tu respiración y deja que el aire del Espíritu entre a ti regando tus entrañas, y salga arrojando fuera toda oscuridad. ¡VEN, ESPIRITU SANTO, ...FUENTE DEL MAYOR CONSUELO!...  Permanece así al menos 15 minutos (puedes acompañarte de sonido con agua de fondo: Sonidos de agua).

6. Haces tres inspiraciones profundas y sales suavemente del ejercicio.

7. No olvides pararte y tomar nota de lo vivido y de las mociones (deseos de cambiarte o cambiar algo) sentidas.

No abandones el ejercicio del silencio y  la oración diaria

Y no olvides, antes de nada, dedicar tu oración y tus trabajos para bien de todos y de todo.

Casto Acedo. Octubre 2022.

jueves, 27 de octubre de 2022

SP. 5. Luz que penetra las almas.

Quinta entrega de la Secuencia de Pentecostés, Luz que penetra las almas.  La luz de Dios, cuando irrumpe en el corazón humano, con su inmenso amor eleva las potencias del alma, purifica la mirada y  hace nuevas todas las cosas en ella.  Para leer la Secuencia de Pentecostés entera, como siempre clicar en la foto. 


¡Ven, Espíritu divino, ...
LUZ QUE PENETRA LAS ALMAS.

"Luz que penetra las almas". Afirmar esto del Espíritu Santo es como un prefacio de todo lo que va a seguir: fuente del mayor consuelo, descanso de nuestro esfuerzo, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

La entrada de Dios en el alma, a nivel experiencial, transporta al alma en un éxtasis más o menos intenso. Así cuenta santa Teresa que le ocurrió algunas veces:

"Quiso el Señor que viese aquí algunas veces esta visión: veía un ángel cabe ... Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento" (Santa Teresa de Jesús, Libro de la vida, 29,13).

No es la primera experiencia de Dios que cuenta la santa de Ávila. Cuando le ocurre esto ya está en la sexta morada, a punto de entrar en la cima de la santidad, la séptima. El relato deja ver cómo cuando el Espíritu abraza y fecunda al alma, que abierta a su amor se abandona a Él, experimenta un gozo profundo e inefable que, desde la interioridad, fluye en abundancia hacia fuera iluminándolo todo.

El Espíritu muestra su ser siendo claridad en la noche. Cuando vivo una experiencia fuerte de Dios mi realidad pasada, presente y futura adquieren una perspectiva diferente, y lo que antes sufrí como tiniebla recibe el bálsamo de la luz. ¿No es necesario que ocurra todo esto para que venga la luz?  (cf Lc 24,26). El esplendor del Espíritu cambia mi forma de ser y mi mirada sobre el mundo. Mis pensamientos pasan a ser los de Dios, mis deseos sus deseos, en mi naturaleza brilla el resplandor la suya. La vida virtuosa, que antes me pareció tediosa y áspera se suaviza; el yugo de mis trabajos se torna suave y su carga ligera (cf Mt 12,28-30). ¡Cómo no desear ser penetrado por la luz del Espíritu!

Ahora entiendo a san Pablo aconsejando ponerse bajo la lámpara del Espíritu para escapar a las tinieblas: “No andéis ya, como es el caso de los gentiles, en la vaciedad de sus ideas, con la razón a oscuras y alejados de la vida de Dios; por la ignorancia y la dureza de su corazón. …Renovaos en la mente y en el espíritu y revestíos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas". (Ef 4, 17-18.23-24)

* * *

Una experiencia tal merece ser contada. Y Santa Teresa lo hace. Es una suerte que podamos recibir de su pluma el evangelio de su encuentro. Ella desea que también tú y yo vivamos lo mismo: "Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento". 

Agradece a Dios los momentos de gozo espiritual que te ha regalado. Pero no los busques; deja que sea Él quien marque el ritmo de vuestra relación. A cada cual toca solamente disponerse al don amando; por eso meditamos. 


MEDITACIÓN

1. Que el lugar y el momento que escojas para meditar sea el más adecuado para la quietud y el silencio.

2. Tras hacer unas respiraciones abdominales suaves serena tu alma: pensamientos, emociones, deseos… Percíbete como un lago en calma acariciado por la brisa del amanecer. Observa cómo te envuelve el silencio.  

3. Al disponerte a meditar  lo haces para el encuentro de la Luz (Espífritu Santo) con tu luz (tu espíritu). Contempla a Dios como rayo de luz que con su resplandor ilumina y difumina las tinieblas que adheridas a tu alma oscurecen la visión de tu espíritu: "Oh, Señor, eres luz que penetra las almas". Siente como con cada inspiración la luz de Dios penetra en ti y con  cada espiración arrojas fuera tus oscuridades (inquietudes, miedos, confusión, ...) Repite: ¡VEN, ESPIRITU SANTO, ... LUZ QUE PENETRA LAS ALMAS!...  Siente su abrazo, acoge todo el amor que te regala. Permanece así al menos 15 minutos.

4. Concluye el silencio con la audición del Canon de Pachebel   

5. Haces tres inspiraciones profundas y sales suavemente del ejercicio.

6. No olvides pararte y tomar nota de lo vivido y de las mociones (deseos de cambiarte o cambiar algo) sentidas.

No abandones el ejercicio del silencio y  la oración diaria

Y no olvides, antes de nada, dedicar tu oración y tus trabajos para bien de todos y de todo.

Casto Acedo. Octubre 2022.

miércoles, 19 de octubre de 2022

SP.4 Don en tus dones espléndido

Va la cuarta entrega del comentario a la Secuencia de Pentecostés, Don en tus dones espléndido.  Es un misterio incomprensible que Dios infinito se de a sí mismo hasta entrar en comunión con la criatura finita. Dice san Juan de la Cruz, que "cuando el alma quitare totalmente de sí lo que repugna y no conforma con la voluntad divina, quedará transformada en Dios por amor" (S 2,5,3). "Dios se hizo hombre para hacernos Dios" (San Atanasio, CATIC 460).

Como siempre, puedes ver la secuencia de Pentecostés completa clicando la foto que sigue:


¡Ven, Espíritu divino, ...
DON EN TUS DONES ESPLÉNDIDO!

Dios es amor.  Amar es “darse”. La teología cristiana habla de autocomunicación de Dios. El Espíritu Santo no es un don (cosa) que Dios da, es Dios mismo en persona dándose. Dios se da Él mismo haciéndonos con su don "partícipes de la naturaleza divina"  (2 Pe 1,4).

San Juan de la Cruz dice que la vida cristiana no consiste en lograr la perfección de las virtudes cristianas sino en vivir la “unión de amor con Dios”.  Pero ¿cómo un ser finito como yo puede entrar en comunión con la infinitud de Dios? Es un misterio.

Algunos místicos de la iglesia ortodoxa dicen que en Dios hay Esencia y Energías; la esencia es Dios en tanto que permanece inagotable y misterioso en su inmensidad; las energías son Dios en cuanto amor que se parte y se comparte.

Dios es “don” y “dones”. La imagen del sol puede servirnos de ilustración. Tenemos el sol  y los rayos del sol. ¿Acaso el rayo de sol, la luz y el calor que me alcanzan,  no son también sol? 

El sol, que en la grandeza y distancia de su ser me supera,  me mataría si entro en él; pero en su comunicación, en la extensión de su energía en los rayos me hace partícipe de su mismo ser. Ya estamos y vivimos en Dios, pero todavía no en plenitud. “Nadie puede ver a Dios y seguir viviendo”  (Ex 33,20); nadie puede entrar en el sol sin morir; pero el sol sí puede iluminar y dar calor; y sin el sol no podría vivir.  

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Orar, meditar, contemplar no es sino acercarte a Él, quitar impedimentos y ponerme al alcance de los rayos del sol que Dios es; ahí recibo sus dones, en la comunicación de amor con la luz del Espíritu que me ilumina e inhabita. Dios fuera y Dios dentro, don y dones, la misma divinidad, el mismo Espíritu que favorece la unión mística.

Entra en meditación. Admírate y sitúate al alcance de este misterio: Ven, Espíritu divino, don en tus dones espléndido.

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MEDITACIÓN

1. Busca un lugar propicio para el silencio y colócate en una postura cómoda para la quietud.

2. Serena tu alma: pensamientos, emociones, deseos… Deja que el oleaje de tu alma se serene poniendo tu atención en la inmensidad del océano.

3. Primero mentalmente, luego por vía de intuición, dirige los ojos de tu corazón a Dios Espíritu Santo que como el Hijo es “sol que viene de lo alto” … Déjate , abrazar por la calidez de sus rayos y seducir por la belleza de su luz. Goza en ti sus dones de sabiduría, inteligencia, ciencia, … Repite: ¡VEN ESPÍRITU SANTO, … DON EN TUS DONES ESPLÉNDIDO! Deja que la mirada esplendente de Dios vaya calando en ti. Permanece así al menos 15 minutos.

4. Concluye el silencio con la audición del veni sancte spiritus

8. Haces tres inspiraciones profundas y sales suavemente del ejercicio.

9. Finalmente, puedes pararte y tomar nota de lo vivido y de las mociones (deseos de cambiarte o cambiar algo) sentidas.

No abandones el ejercicio de la oración

Y no olvides, antes de nada, dedicar tu oración para bien de todos y de todo.

Casto Acedo. Octubre 2022.

jueves, 13 de octubre de 2022

SP.3 Padre amoroso del pobre

 Vamos a por el tercer verso. Me ha salido muy teológico. Si no entiendes lo que pretendo decir no te preocupes; a Dios no se le puede ver por el intelecto, se le ve por intuición de amor. Te recuerdo que la Secuencia de Pentecostés la tienes completa clicando la foto.


Ven, Espíritu divino,...

...PADRE AMOROSO DEL POBRE.

Al pararme a comentar este verso, lo primero que me viene a la mente es la imagen de Dios en su Trinidad de personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo, misterio santo que inmerecidamente se me revela y me acoge en el amor.

La invocación de Dios como Padre es evidente en el verso: "Padre".

Con menos evidencia lingüística se le invoca como Espíritu en el adjetivo “amoroso”. San Agustín dice que en la Trinidad están el Padre-amante, el Hijo-amado y el Espíritu Santo-amor. “El Amor es de Dios y es Dios: por tanto, propiamente es el Espíritu Santo, por el que se derrama la caridad de Dios en nuestros corazones, haciendo morar en nosotros a la Trinidad” (Juan Pablo II).

En el bautismo de Jesús el Padre habla: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco» (Mt 3,17). Algún artista ha figurado este momento con el descenso de la Paloma sobre la cabeza del Hijo representando el amor de predilección del Padre hacia Jesús; y a su vez, en la cruz, cuando Jesús espira se dice que "entregó el Espíritu" (Jn 19,30), escena que también hay quien ha pintado  como una Paloma que vuelve al Padre (puedes verlo en la foto de entrada); la espiración de Jesús es el culmen de la misión del Hijo que entrega todo su Amor-Espíritu  al Padre. 

Menos evidente es ver en el verso al Hijo, que veo presente en “el pobre”. Dice san Pablo que Jesucristo, “siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza” (2 Cor, 8,9). El Hijo, “siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de si mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres” (Flp 2,6-7). Dios, con su encarnación en Jesucristo, asume la pobreza humana, que queda enriquecida por Él al incorporar por amor a toda la humanidad a su propio cuerpo, Jesús "nos ha salvado mediante la redención realizada en Cristo Jesús" (Rm 3,24). Decir "padre amoroso del pobre" es decir, Padre amoroso que en el Hijo y por el Hijo muestras tu amor  a los pobres. En Cristo el Padre ama al pobre. 

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Comprendo que lo dicho es difícil de entender con una mente racional. Pero no lo es si se mira con los ojos del corazón. Basta con mirarte como amado en Cristo, e incorporado a la Trinidad por la fe en su amor. El Padre te ama y te bendice, te da su Espíritu de amor y de misericordia en el Hijo, Jesús pobre que te injerta en Él y te enriquece con su pobreza (1 Cor, 1,5).

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MEDITACIÓN (Pautas)

1. Como siempre, aquieta tu cuerpo y silencia tu mente dejando tu cuidado a la presencia de Dios. Date  un tiempo para acallarte echando mano de la respiración. Espira y suelta tensiones y agobios; espira y llénate de quietud y paz. 

2. Siente sobre ti la inmensidad y la riqueza de Dios que contrasta con la pequeñez y la pobreza que eres. ¡Eres Grande, Padre!, yo soy pequeño; Tú eres rico, yo soy pobre. No merezco recibir tu Espíritu de amor, pero te lo pido por tu Hijo, Jesucristo, mi Amado, que con su amor redime mi alma permitiéndole  participar de tu Divinidad. Porque eres “Padre, amoroso del Pobre”, ¡ven, Santísima Trinidad!

3.  Imagina al Padre sosteniéndote con sus manos, al Hijo sanando tus heridas, y al Espíritu Santo alentando tu ánimo (puedes contemplar la foto que acompaña). Siente la atracción de amor de Dios y déjate llevar al seno de su Trinidad amorosa. Acompasa tu oración con estas palabras: PADRE AMOROSO DEL POBREMientras repites “Padre amoroso del pobre” contémplate pobre unido a Cristo pobre (despojado, crucificado, por amor a ti entregado) y sábete amado por el Padre en el mismo Cristo. Mírate cuidado, protegido, a salvo en el corazón de Dios (contempla la misma foto). Haz silencio al menos durante 15 minutos. 

4. Puedes concluir con la audición Silencio de amor. Entrar en el Misterio de la Trinidad es entrar en un espacio de silencio, donde sobran las palabras e imágenes.

5. Haces tres inspiraciones profundas y sales suavemente del ejercicio de oración-meditación..

6.  Finalmente, puedes pararte y tomar nota de lo vivido y de las mociones sentidas: ¿Cómo siento a Dios? ¿Cómo describiría mi experiencia de lo divino?

Y no olvides, antes de nada, dedicar tu oración para bien de toda la creación y de todo la comunidad humana, especialmente por aquellos a los que amas menos.

Casto Acedo. Octubre 2022

martes, 11 de octubre de 2022

4.3b Atención amorosa a Dios

Comentábamos ayer lo importante que es la vigilancia o atención plena. Se trata de tener los ojos del corazón abierto, vigilante, para que los pensamientos que asaltan la mente no arraiguen. 

Decíamos que hay que prevenir, porque cuando se anda dormido hay pensamientos aparentemente insignificantes que se dejan pasar y se pasean por la mente echando raíces. Luego generan emociones aparentemente insignificantes de ira (venganza), lujuria, envidia, gula, avaricia, vanagloria, etc. que son la semillas grandes sufrimientos.

En un tema anterior dijimos que “el demonio está en los detalles”, es decir, entra por la puerta de la insignificancia. Esos pequeños pensamientos y ensoñaciones parecen no precisar de mucha atención, y esa es su gran baza a la hora de dejarlos estar y permitirles crecer en el corazón, donde  se multiplican y agotan muchas de las energías necesarias para vivir en el amor. Recordad también aquella frase que mencionábamos en otro de los temas: “Los tontos sufren los problemas, los listos los solucionan y los sabios los previenen”. Pensad esto. La vigilancia es un ejercicio de prevención que consiste en cortar el fuego antes de que todo se incendie y ya no haya remedio. En este caso el fuego son los pensamientos que generan emociones y reacciones tóxicas y destructivas, y la la solución es la meditación correcta.

¿Cómo meditar correctamente? ¿Cómo extinguir el fuego con esta práctica? Centrándonos en el corazón, en el “espíritu” interior, donde Dios me habita. Poniendo sabiamente la atalaya de vigilancia en la gloria de Jesucristo como Sabiduría de Dios, y no en la gloria de mí mismo como aspiración de mi ego.

Practicamos así la meditación como atención amorosa a Dios. Vigilamos con los ojos del corazón, observamos los pensamientos que nos asaltan, y los debilitamos dejándolos pasar, mostrando indiferencia ante ellos, sin juzgarlos, sin enfadarnos, porque eso les empodera. Y, sobre todo, centramos nuestra atención en “la roca firme y amorosa que es Dios". 

Amando al Dios que nos habita edificamos nuestra vida sobre sólido cimiento. Ponemos la confianza en su Palabra, porque quien lo hace edifica su vida sobre roca (Mt 7,24-25). Para esto basta con que repitamos alguna oración jaculatoria, preferentemente de inspiración bíblica: “Jesús, maestro, ten misericordia de nosotros” (Lc 17,13,  texto que se proclamó el domingo pasado en la misa), “Señor mío y Dios mío” (Jn 20,28), “Ven, Señor Jesús” (Ap 22,20), etc. 

Thomas Keating llama a esto “oración centrante”, porque te sitúa en el centro de tu corazón,  donde tú eres tú, y Dios es Dios; y ahí Él te da firmeza para no tambalearte cuando te vienen pensamientos o emociones tóxicas.

El hábito de la meditación, con la repetición de la "Palabra" y la vuelta al centro gnera el automatismo de vivirte desde ahí, ahuyenta los “malos pensamientos” y con ellos las malas acciones; al mismo tiempo, la “oración centrante” te asienta en la paz del corazón, que no es el fruto de tus esfuerzos sino la consecuencia de poner tu descanso y tu confianza en Jesucristo (Sabiduría de Dios);  en Él hallas la quietud que no alcanza tu alma cuando te dejas llevar por los vaivenes de tu ego.

 * * *

Sobre esto de la vigilancia, os transcribo un texto de J. Melloni, extraído de su libro Los caminos del corazón, y que, hablando de las enseñanzas de los padres ortodoxos de oriente, algunos de ellos denominados "padres népticos (vigilantes)",   resume excelentemente lo que os he querido decir.

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"El término griego para hablar de la vigilancia es nepsis, una virtud que es condición fundamental para comenzar, mantenerse y progresar en la vida espiritual: «La continuidad engendra la costumbre, y ésta otorga a la vigilancia una cierta densidad natural, escribía Hesiquio de Batos.

Esta atención continua es la que hizo prudentes y sabias a las vírgenes del Evangelio (Mt 25, 1-13). En la doctrina filocálica[1], la vigilancia presenta una progresión: para los que comienzan, está vinculada al miedo a la muerte y al Juicio Final: «Velad, porque no sabéis cuándo será el día ni la hora» (Mt 25,13). Después, la vigilancia se convierte en un austero ejercicio de atención frente a todos los pensamientos que asaltan a la mente, para suprimirlos de raíz.

“La sobria vigilancia ilumina y purifica de entrada a la conciencia. Después, cuando la conciencia ha sido purificada, expulsa las grandes tinieblas como una luz oculta que estallara de repente. Y cuando las tinieblas han sido eliminadas, gracias a una continua y auténtica vigilancia, se le revela a la conciencia un nivel más profundo que hasta entonces permanece oculto: la lucha invisible del espíritu y el combate de la razón” (Filoteo del Sinaí)

Gracias a esta rigurosa vigilancia, el espíritu alcanza una claridad interior muy equilibrada y penetrante, que lo defiende de toda turbación. De este modo, la vigilancia introduce en la plena hesiquía, palabra griega de difícil traducción que significa, a la vez, una paz, una calma, una ternura y dulzura inefables y permanentes en el corazón, gracias a la cual todo pensamiento se apacigua, y el monje puede entregarse a la contemplación pura, sin ser distraído por ningún movimiento interior ni exterior.

Con palabras de Hesiquio de Batos:

«La vigilancia es un método espiritual que, mantenido con perseverancia y ardor con la ayuda de Dios, libera totalmente al hombre tanto de sus pensamientos y palabras llenos de pasión como de sus acciones perniciosas. La vigilancia proporciona también un conocimiento certero del Dios incomprensible y abre a los misterios divinos y escondidos. La vigilancia hace observar todos los mandamientos de Dios, tanto los del Antiguo como los del Nuevo Testamento, y concede todos los bienes de la vida futura. La vigilancia es propiamente la limpieza de corazón... una pureza que raramente se encuentra hoy en día, por culpa de nuestra negligencia. Ésta es la vigilancia que Cristo exaltó cuando dijo: `Felices los limpios de corazón, porque verán a Dios'»

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Espero que la reflexión y estudio de todo esto te lleve a centrarte en tu meditación enlazando con los santos cristianos que nos legaron sus enseñanzas para no perdernos en el camino.

San Juan de la Cruz resume esta enseñanza sobre la meditación u oración centrante con unas brevísimas palabras en sus Letrillas:

Olvido de lo criado,
memoria del Criador
atención a lo interior
y estarse amando al Amado. 

No se puede decir más con menos palabras acerca de la meditación cristiana. Apréndelo de memoria y tienes un método de oración centrante: 

1. Silencio exterior; desapego de todo. 

2. Conciencia de tu ser y experiencias en el mundo como criatura divina en el universo; 

3. Observación de todo lo que se mueve en tu alma (pensamientos, emociones, deseos) para dejarlos ir y que no estorben la mirada al centro. 

4. Dejado todo, abandonarte, echarte en brazos de Jesucristo, el Amado. 

Luego, es fácil de entender el cambio de vida que se da en quien recibe la gracia de la unión con Dios; la sabiduría mundana pasa al olvido y se dejan atrás todas las cosas que se consideraban ganancia: 

"En la interior bodega, 
de mi Amado bebí, y, cuando salía,
por toda aquesta vega,
ya cosa no sabía,
y el ganado perdí que antes seguía.
...
...ya no guardo ganado,
ni ya tengo otro oficio,
que ya solo en amar es mi ejercicio"

(San Juan de la Cruz, Cántico espiritual)

Casto Acedo. Octubre 2022