Os paso las notas-esquema del tema 2 del libro que vamos siguiendo en nuestra formación de los jueves alternos.
LA ORACION Y EL CUERPO (2)
·
Salud
corporal y vigor espiritual íntimamente vinculados.
Por eso, cuando se atraviesa una crisis espiritual (depresión, bajón) es
aconsejable tomarse unos días de ejercicios físicos y contacto con la
naturaleza…. Esto no basta, pero ayuda mucho.
· No es extraña la enfermedad en el orante. Y tampoco es extraño hallar espíritus fuertes en cuerpos debilitados. El cuerpo orante es, con frecuencia, un cuerpo enfermo. Santa Teresa decía que no se entra en la séptima morada (cima de la vida mística) sin muchas flaquezas y dolores físicos. (Tal vez se refiera a que sin pasar por la pasión no se llega a la resurrección).
·
Los
cuerpos doloridos de los místicos eran muy propensos a la oración, como el
cuerpo de Jesús crucificado. Pensemos en san Pablo apaleado,
abofeteado, enfermo…, o en los estigmas de san Francisco de Asís….
·
Lo cierto es que cuando uno experimenta la debilidad del dolor y de la enfermedad tiene
un camino abonado para la oración, tiene un “cuerpo orante”.
·
Es importante la preparación física para la
oración, pero ¿qué significa eso de
“cuerpo orante”?
o
Volvamos al inicio: “la experiencia religiosa
es fundamentalmente la de un enamorarse
incondicional y sin condiciones”. Y ese
amor no es cosa solo del espíritu sino también del cuerpo.
o
Un
cuerpo que ora es un cuerpo que ama, un cuerpo penetrado de ese
amor sin condiciones ni límites. Un cuerpo lleno del “espíritu de amor”: “Cristo
será glorificado en mi cuerpo, por mi vida o por mi muerte” (Flp 1,20). “Glorificad a Dios en vuestro cuerpo” (1
Cor 6,20).
o
Cuando hayamos entendido esto comprenderemos la paradoja ignaciana de
hacer cuanto podamos para conservar la
salud, pero aceptar la enfermedad como un don de Dios cuando viene.
·
¿Qué he de hacer para tener “un cuerpo que
ama”? Sólo estar abierto a la conversión
del cuerpo. Metanoia = cambiar de
mentalidad, pasar del pecado y el error a la vida de Dios, cambiar el corazón
de piedra por uno de carne…. Conversión intelectual,
moral y religiosa. … También hay, y
vamos a hablar de ello, una conversión
corporal o física que nos lleva a amar y aceptar nuestro cuerpo.
·
San Pablo: “amar a su mujer es amarse a sí
mismo. Pues nadie jamás ha odiado su
propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la
Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo” (Ef 5,28-30). También deberíamos
volvernos a los demás, que son “cuerpo de Cristo”… Convertirnos, pues a nuestro
cuerpo (no odiarlo) y al cuerpo de Cristo (abiertos al encuentro con los demás)….
·
Todo esto lleva consigo apartarse del pecado que nace de la tendencia humana a odiar nuestros
cuerpos, el universo material y el cuerpo de Cristo… algo que tiene como
consecuencia que nos cueste aceptar el
misterio de la encarnación (que Dios asumiera realmente un verdadero cuerpo
humano).
·
Esta
conversión al cuerpo (encarnación) es la clave de la religión cristiana. …
Ya mencionamos el “docetismo”…. Este error sigue estando presente en el mundo. Afirmamos la encarnación con los labios,
¿pero la aceptamos profundamente en nuestro interior? … Hemos de procurar
que con la meditación este misterio penetre en nuestra mente, pensamientos y
cuerpos…. Hasta hacernos sentir y comprender que “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”… Hemos de
desmentir toda teoría que proclame la maldad de lo material.
·
Es interesante que en el siglo V (Éfeso y
Calcedonia) los cristianos se fijaran de
modo especial en la virgen María y
le dieron el título de Theotokos (Madre de Dios), y no
simplemente Cristotokos (Madre de
Cristo); evitaban así dividir a Jesús en dos partes: una divina y otra humana.
El concilio de Éfeso es hoy tan importante como en el siglo V.
* *
*
·
Algunas conclusiones prácticas:
o
“Encana
tu oración”…Una oración enteramente humana. La oración mística no es una oración de
puro espíritu; el silencio, la oscuridad, el vacío místicos, están
profundamente encarnados.
o
Para encarnar la oración pon en sitio
preferente estas dos mesas;
§
La
mesa de la palabra: No quiere decir que la paklabra esté
siempre en la mente, pero sí que en el silencio siempre encuentre espacio para
hablar. Es bueno leer las Escrituras y que nos impregnemos de imágenes
arquetípicas de la Biblia.
§
La
mesa de la Eucaristía: Celebración
y oración ante el Santísimo, proclamando la presencia divina y humana de Jesús.
§
La
mesa de la vida: Que tu vida (acontecimientos diarios,
dudas, alegrías, dificultades, … y acontecimientos del mundo) fluya en la
oración y la alimente, como María “que guardaba todas estas cosas en su corazón”
(Lc 2,19)
·
Si practicas así tu oración se seguirán consecuencias:
ante todo descubrirás que la oración conduce a una comunidad de amor humano.
En esto conocerán que oráis, en que os amáis unos a otros … No puedes saber
si amas a Dios, pero puedes tener una idea de si amas al prójimo o no.
·
Haz que en el centro de tu oración crezca una
comunidad de amor, de preocupación por la armonía de tu familia, del grupo, de
la parroquia; de amoroso interés por los pobres y afligidos, torturados y
oprimidos …por el cuerpo de Cristo que sufre en la tierra… Sé consciente de los
grandes problemas del mundo: amenaza nuclear, terrorismo, guerras, refugiados… Lleva todo esto a la mesa de tu
oración.
·
No te olvides de conceder un puesto de honor
a María, la Madre de Dios. Ella te conducirá a las tres mersas y al amor por
el mundo que padece.
·
Cuidar tu cuerpo, sentirlo como parte activa
de tu ser todo y de tu oración, no es sólo un consejo saludable físicamente.
No. Te conducirá a amar de una manera más práctica tu cuerpo, el universo
material y el cuerpo de Cristo.
Nota: Para la próxima semana colgaré el texto de san Pedro de Alcántara que leímos y comentamos.
Buena semana, meditadores.
Casto Acedo, Octubre 2017.




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