El silencio es el lugar
natural en que habita la Palabra. Silencio y Misterio se complementan. En
presencia del Misterio sólo nos queda callar, como Job, que sólo alcanza a
intuir el misterio de Dios al contemplar en actitud de escucha sus maravillas
(cf 42,3-5) ¿Qué es el Misterio sino
aquello o Aquel que es inexpresable en conceptos y sólo accesible desde la
experiencia directa?
“Hay un solo Dios, el cual se manifestó a sí mismo por medio de
Jesucristo, su hijo, que es Palabra suya, que procedió del silencio”, dice
san Ignacio de Antioquía. En el silencio originario estaba la Palabra, “en el principio ya existía la Palabra; y la Palabra estaba
junto a Dios y la Palabra era Dios… Y la Palabra se hizo carne y acampó entre
nosotros” (Jn1,1.14).
La Palabra es la lluvia que cae del cielo sobre la tierra abierta, en escucha, y empapando su hondura fructifica en fe, esperanza y amor, virtudes teologales, divinas, que llevan a la unión con Él (cf Is 55,10-11). La Palabra da “semilla al sembrador y pan al que come”, es decir, la Palabra acogida en el vientre del silencio facilita la participación en el ser de Dios y sacia el hambre de vida eterna.
La Palabra es la lluvia que cae del cielo sobre la tierra abierta, en escucha, y empapando su hondura fructifica en fe, esperanza y amor, virtudes teologales, divinas, que llevan a la unión con Él (cf Is 55,10-11). La Palabra da “semilla al sembrador y pan al que come”, es decir, la Palabra acogida en el vientre del silencio facilita la participación en el ser de Dios y sacia el hambre de vida eterna.
* * *
“Cuando un silencio sereno lo envolvía todo, tu palabra descendió desde
los cielos” (Sb 18,14-15). El silencio abre el camino a la Palabra. La parábola del
sembrador invita a contemplar a Jesús como Palabra y a mi persona como tierra.
Jesús viene a mi vida, llama a mi puerta, y desea ser recibido. ¿No es ya un
buen motivo de alegría el hecho de que Dios desee estar conmigo? Pero hay
ruidos interiores que frustran el deseo de Dios.
1. Tal vez el primer ruido sea la rutina, el
ritualismo y el legalismo farisaico. A menudo la Palabra es como semilla “que cae al borde del camino; vinieron los
pájaros y se lo comieron”. Hay quien cierra a cal y canto sus accesos a
la vida interior. ¿Prejuicios? ¿Malas experiencias? ¿Miedos? Lo cierto es que
no son pocos los que tienen endurecido el corazón; es algo muy propio de quienes ha hecho de
la fe una rutina, una ley o una colección de ritos mágicos. ¿Estaré yo entre ellos?
En
personas así, la
semilla rebota y no puede arraigar. Sólo aprovecha a los pájaros. La perdida no es culpa de la semilla, sino
de la tierra endurecida. Sin acogida de la Palabra, no hay transformación, “Si uno
escucha la Palabra del Reino sin entenderla –es decir, sin valorarla y
aceptarla- viene el Maligno y roba lo
sembrado en su corazón”.
2. El camino espiritual es
ilusionante, sobre todo en sus principios. ¡Parece todo tan fácil! Como si la emoción
del primer “te quiero”, del primer beso,
fuera a durar para siempre cuando sólo es un amor de superficie, un tanteo. Aún
queda mucho por ahondar. La semilla fructifica sembrada en la profundidad del ser. Y para ahondar hay que
perseverar. Ya lo sabes: “la determinada determinación” de santa Teresa.
Algunas semillas caen
“en terreno pedregoso”. El deseo de
vivir desde dentro es fuerte, e ilusiona en sus primeros pasos. Dios, de
entrada, mima a quien le busca, aunque en su ignorancia que tal vez lo que busque
sea su propia complacencia. Cuando el ego
está al acecho para apropiarse del éxito, aunque sea espiritual, éste tiene
poco futuro. La semilla “brotó
enseguida; pero cuando salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó”.
La vida espiritual requiere
una disposición de ánimo a prueba de éxitos. Y a prueba de cruces. El Amado se
aleja poniendo a prueba el amor. ¿Qué buscas en Él? ¿Prevalece en ti el amor a
Dios o el amor propio? Hay momentos en que no es agradable seguir y servir a
Cristo. Entonces se requiere la “determinada determinación” teresiana, la
perseverancia aunque la situación interior o exterior no acompañe. En el desierto hay oasis. También mucha
sequedad.
La Palabra sembrada en terreno pedregoso “significa que la escucha y la acepta
enseguida con alegría, pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene
una dificultad o persecución por la Palabra, sucumbe”. ¡Qué importante
es la constancia para quitar las piedras del deseo novedades, de expectativas,
de querer imponer a Dios los ritmos del crecimiento espiritual!. ¡Y qué buen
remedio es el día a día de la meditación! Riego, decía la santa, que comienza con el trabajo de sacar agua del
pozo con cubos, luego sacándola con ayuda de un cigüeñal; la perseverancia da el
hábito y bastará abrir el acceso al rio para que se entre el agua por su peso; finalmente se da el riego por el agua de lluvia, por pura gratuidad divina, cuando él quiera darla. A la santa le faltó
mencionar el “riego por goteo”. Si hubiera existido en su tiempo seguro que lo
pone como ejemplo de perseverancia.
3. En tercer lugar, lo que “cayó entre zarzas”. Vivir
en los zarzales de una sociedad consumista y capitalista no es fácil. El estrés
y el deseo obsesivo de triunfar económica y socialmente pesan sobre nosotros
como una losa de cemento. En un ambiente tan materialista, ruidoso y volcado
hacia fuera, no es fácil el crecimiento
en el espíritu. Hay que optar. “No podéis servir a Dios y al dinero” (Lc
16,13), “que es una idolatría” (Ef 5,5). No se trata de negar la
necesidad de lo material sino de superar el apego desmesurado a esas
necesidades.
Quien pone su confianza en sus
bienes “es el que escucha la Palabra, pero los afanes de la vida y la seducción
de las riquezas los ahogan y se queda estéril”. ¡Estoy tan atado al
interés;tengo tantas ocupaciones!: “Marta,
Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o
mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada” (Lc
10,41-42). El encumbramiento del hacer (tanto vales tanto haces), el afán de poseer
(tanto vales tanto tienes) acaban por ahogar la vida espiritual.
4. Y, finalmente, la tierra
más apropiada para el espíritu: la
semilla que “cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros,
sesenta; otros, treinta “.
Desarrollar la propia espiritualidad es cuestión
de abrirse a ella en fe. Y no olvidemos que ésta es oscuridad y silencio. La Palabra madura en el silencio. Para que
arraigue has de silenciar todo lo que ensordece tu alma: prejuicios, rutinas,
cansancios, expectativas, afán de aparentar y poseer. Asumir que “solo Dios basta”.
La Palabra, que procede del silencio del Padre insemina tu silencio y lo fecunda. En el silencio encuentra la Palabra su hábitat natural. Y en ese vacío de todo se da la sanación: “No soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”.
La Palabra, que procede del silencio del Padre insemina tu silencio y lo fecunda. En el silencio encuentra la Palabra su hábitat natural. Y en ese vacío de todo se da la sanación: “No soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”.
El silencio es el ámbito a
cultivar. Un ejemplo paradigmático es el de la Virgen María, “oyente de la
Palabra” (K. Rahner). En su silencio echó raíces el Verbo Encarnado. Ella es
tierra buena, que “significa el que escucha la Palabra y la entiende; ése da
fruto”. Atender la Palabra, entenderla en su significado profundo,
regarla con la oración y con una vida adecuada, te lleva a vivir en plenitud tu
vocación, tu destino: la unión con Dios (GS 19)
IDEAS PARA LA ORACIÓN
* Es bueno tener a mano una
Biblia, para leer y para poder tocar el “libro”, contemplarlo como
símbolo de la Palabra, Presencia que sana y da vida (Sal 118; Jn 15,3). Puedes leer el texto de Is 55,10-11 y centrar
en él toda la meditación.
*Imagina tu alma como terreno
agrietado por la falta de humedad, seco y sediento. También hay en ese terreno piedras,
zarzas y maleza… Aparta de tu mente y de
tu corazón todos esos apegos que obstruyen la profundización.
*Dios se apiada de ti y manda
la nieve y la lluvia. Siente como empapa tu vida y refresca tus sequedades …
Déjate lavar y fecundar por su gracia . … Siente como el agua de Dios refresca,
limpia empapa y revitaliza cada parte de tu cuerpo y de tu espíritu.
*Imagina que de lo más hondo
de ti va brotando la semilla. Una semilla que ya estaba ahí, pero andaba falta del agua de la Gracia.
Observa como en tu espíritu Dios va creciendo, se abre paso en las
dificultades, y termina siendo un gran árbol donde los pájaros anidan y los
hombres encuentran sombra en días de calor (cf Mt 13,31-32; Mc 4,32).
*Siéntate a la sombra de Dios,
acogiendo con él a todos los hermanos. La semilla de la Palabra te sana, te
hace vivir en Dios. Contémplate como un huerto, un jardín de Edén, donde la
semilla ha fructificado, y Dios se deleita. (cf Gn 3). Siéntete en comunión de amistad, paseando con
Él a la brisa del atardecer
*Da gracias a Dios porque no
sólo te da cosas, sino que se te da Él mismo en su Palabra, Jesucristo.
*Dios habla en el silencio. Toma
nota de las llamadas, los impulsos del corazón, que Dios te ha dirigido durante este rato de
oración.
EVANGELIO
Mt 13,1-23
Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla.
Les habló mucho rato en parábolas:
—«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron.
Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.
Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron.
El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga».
Se le acercaron los discípulos y le preguntaron:
—«¿Por qué les hablas en parábolas?».
Él les contestó:
—«A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías:
"Oiréis con los oídos sin entender;
miraréis con los ojos sin ver;
porque está embotado el corazón de este pueblo,
son duros de oído, han cerrado los ojos;
para no ver con los ojos, ni oír con los oídos,
ni entender con el corazón,
ni convertirse para que yo los cure".
¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.
Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador:
Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.
Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe.
Lo sembrado entre zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ése dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno».
Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla.
Les habló mucho rato en parábolas: «Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga.»
Casto Acedo. Julio 2020




No hay comentarios:
Publicar un comentario