No viene mal recordar la importancia del presente. El pasado y el futuro están en el presente. Dios es Presencia. La felicidad está en saborear las cosas simples que vienen a mi presente.
El ayer ya está muerto,
el mañana no ha nacido.
No hay, pues, nada que temer
ni nada que lamentar.
Porque todo lo pasado
y todo lo que ha ocurrido
nunca puede volver
a ser de nuevo de nuevo.
Y lo que nos espera ahora,
todo lo que va a ocurrir,
está aún en manos de Dios.
No depende de mí
el futuro de mi vida.
Es el misterio de Dios
quien reclama para sí
el pasado y presente.
Todo lo que he de hacer
es vivir el día de hoy
y esperar que Dios me muestre
el camino y la verdad.
El recuerdo del pasado
y el riesgo del porvenir
es lo no único que puede
turbarme de nuevo
con temores infundados
o insensatas inquietudes,
mientras, de su parte,
Dios me quiere bendecir.
Todo lo que necesito
es vivir este momento.
Aquí y ahora está la vida,
y, en ella, la eternidad.
HELEN STEINER RICE

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