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Se
trata de una oración “simple” y “para simples” (es lo primero que se me
ocurre). Porque se trata sólo de “mirar”, de ponernos ante algo o alguien y
“verlo”…
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Normalmente
son dos los obstáculos que nos impiden
ver la realidad (cosas, acontecimientos, personas, Dios) tal como es. Y ya las hemos señalado antes: nuestra mente (ideas preconcebidas,
juicios, censuras, …) y nuestras
emociones (miedos, deseos, inseguridades, etc).
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En
el camino de la oración contemplativa hemos de aprender a conocernos bien a
nosotros mismos, nuestras creencias (para desmontarlas) nuestras emociones (para controlarlas).
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Hemos de centramos en “darnos cuenta” (contemplar) de nuestras ideas y pensamientos.
Para ello, hacemos ejercicios de silencio y observamos como nuestra mente nos crea sentimientos, y
entorpece nuestra interiorización. En una palabra: nos quita la paz.
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La
mente nos remite al pasado (cosas que nos han sucedido y cuyo recuerdo suscita
en nosotros sentimientos felices o tristes) o al futuro (anhelos y deseos que
nos inquietan –matan nuestra quietud-). Y para poner remedio a ese dominio de
la mente solo nos queda “centrarnos en el presente, que es lo único que existe”…
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¿Cómo
ejercitarnos en vivir el presente? Lo
hacemos echando mano de algo que estamos haciendo constantemente: respirar. En
los ejercicios que hacemos nos centramos en la respiración. Es algo que forma parte de la
tradición espiritual de la humanidad. El aire, la respiración, nos pone en
contacto con las realidades espirituales. El aire que entra y sale en y de
nuestros pulmones nos remite al espíritu (Dios) que nos inunda e inhabita y
desde nosotros también se manifiesta al mundo.
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Dos
textos bíblicos que todos conocemos y que nos remiten desde la Palabra de Dios
a esa realidad de la respiración como “vida de Dios y del hombre”.
o
Génesis 2, 7: “Entonces el Señor Dios modeló al hombre del
polvo del suelo e insufló en su nariz
aliento de vida”…
o
Juan
20, 19- 22: “Al anochecer de aquel día,
el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas
cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio …, sopló
sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo” ..
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En
los inicios de la oración contemplativa es bueno relajarse y centrarse sobre todo en la respiración
como “puerta a la contemplación del presente"… y en "darnos cuenta" de cómo
nuestra mente funciona alejándonos de "la presencia", bloqueando con sus ensoñaciones nuestra conciencia del “aquí y ahora”…
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¿Porqué es importante el "aquí y ahora" en la oración? Pues porque cuando nos ponemos ante el "Misterio" (Dios) hemos de hacerlo nosotros en lo que somos, y no en lo que pensamos o creemos que somos. Yo no soy una idea; tampoco Dios lo es. Por eso es importante aprender a hacernos presentes a nosotros mismos, concentrarnos en nuestra realidad personal; y para eso hacemos una preparación con unos ejercicios de silencio contemplativo. Es lo que hacemos al sentarnos y simplemente respirar, escuchar sonidos, contemplar los pensamientos, etc... Son muy simples. Pero
¡creedme!, si los hacemos con asiduidad, experimentaremos su eficacia para situarnos en el presente del aquí y ahora; aunque
no es esta “eficacia” lo que buscamos primordialmente sino el encuentro con el misterio que somos y que nos habita.
Casto Acedo Noviembre 2017



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