"Un amigo fiel es un refugio seguro, quien lo encuentra ha encontrado un tesoro" (Eclo.6,14s).
Sé precavido en tus relaciones
La
meditación-oración no puede ser entendida como separada de la vida; es
una realidad que la abarca toda, ya sea la vida física
(exterior) o anímica (interior). Salud corporal, equilibrio psíquico, intelecto,
relaciones con el entorno y con los demás, trabajo, descanso, aficiones, tiempo
libre, prácticas devocionales, etc. son parte del mundo de la persona. Y quien se embarca en un proyecto
de renovación espiritual sabe que todos esos elementos conforman un todo que
tiene que ser renovado.
En uno de los primeros encuentros hablábamos de situaciones, personas
y cosas, sobre las que conviene crear distancia para evitar que ejerzan un
poder negativo. Decíamos que habíamos
de trabajar para desprendernos de nuestras “relaciones tóxicas”. Aclarábamos allí que no hay nada tóxico. No hay personas, ni situaciones, ni
objetos que sean venenosos en sí. Incluso lo que llamamos veneno puede ser
beneficioso según en qué ocasiones; por ejemplo el virus que se inyecta en una
vacuna deja de ser venenoso para ser agente de salud. Lo que es realmente
tóxico es la relación que se establece con unas personas, objetos o hechos. No
es tóxico el whisky, pero sí una relación de dependencia; no es tóxica ninguna
persona, pero sí lo puede ser el modo de relacionarme con ella; no es tóxica
una catástrofe social o natural, pero sí el modo en que la vivo.
Llegados a este nivel conviene que sigas
reflexionando y tomando decisiones que pueden afectar a tu relación con lo
tóxico. Y en este tema insistimos en las personas. A veces nos acercamos a
personas agresivas, dependientes, hipercríticas, etc. para ayudarles, para
intentar ser una influencia positiva para ellas. Pero hemos de ser cautos; tal
vez aún no sea el momento, porque seguimos siendo muy vulnerables, y hemos de
respetar la vulnerabilidad que padecemos. Puede que más que ayudar acabemos por
ser contagiados por negatividades.
Cuando logremos cierta madurez y maestría personal
podremos introducirnos en los ambientes más hostiles y navegar sin mucho
peligro entre personas más agresivas, tóxicas y críticas, y ayudarles teniendo
sobre el los una influencia positiva.
Esta prevención o alejamiento de lo que te puede alejar de la virtud puede sonarte a criterio sectario, propio de quien pretende apartarte del mundo real y manipularte situándote en un mundo aparte de fantasías. No debes entenderlo así. Lo propio de la espiritualidad cristiana no es el retiro al desierto para hallar a Dios, sino la encarnación, la inserción en el mundo respirando sus gozos y sus sufrimiento, cargar con todo el mal unido a él y poner el gozo del bien en su lugar. Es este un tema muy importante y que formará parte de las siguientes etapas de nuestro proceso.
Pero
ahora estamos terminando la primera, y se supone que aún no estamos del todo fortalecidos para meternos de lleno en situaciones complicadas; el mismo Jesús
esperó treinta años, casi toda su vida, preparándose en lo oculto, en el
retiro, antes de salir a darlo todo; lo hizo cuando el espíritu comenzó a
remover su conciencia; el mismo Espíritu descendió solemnemente sobre él en el
inicio de su vida pública el día en que comenzó a darse a conocer y a exponerse
a la intemperie. Para él fue el comienzo de una lucha feroz con personas y
situaciones que podrían haber sido tóxicas y de la que tal vez antes no hubiera salido indemne.
Por tanto, más allá del misticismo de postureo del "yo sé muy bien por donde ando", es conveniente tener en cuenta el refrán que sentencia “dime con quien andas y te diré quién eres”. Se trata de aprender a discernir, a elegir lo que te conviene en cada momento. Todo aquello que me llega o todo aquel que se allega a mí no es necesariamente lo óptimo; hay que discernir con sabiduría con qué o con quién quieres relacionarte. Hay relaciones que, por temas de trabajo u otras obligaciones, son inevitables, pero a partir de ahí hemos de abrir nuestro abanico de relaciones buscando lo más ventajoso y beneficioso para cada cual en cada momento.
Acércate a personas sanas
La cruz que supone el alejamiento de personas tóxicas tiene también su cara: el acercamiento a personas buenas que inspiren tu proceso de cambio. No me gusta la palabra "maestro", por lo que implica de doctrinario y disciplinar, pero sí podríamos hablar de la conveniencia de tener cerca a una o a algunas personas formadas y experimentadas.
Es una bendición y una oportunidad que no se debe desaprovechar cuando se da, el poder tener como soporte la ayuda de alguien de confianza, que, repito, no me gusta llamar “maestro” ni “director”, porque uno solo es nuestro maestro y director, Jesucristo (cf Mt 23,8-12; Jn 14,6); yo lo llamaría mejor un “compañero experimentado en el camino”, alguien que ha pasado por donde yo voy a pasar y ha salido indemne de las asechanzas y peligros que pudieran haberle hecho fracasar. San Benito lo recomienda en su regla al hablar de los grados de humildad. Tras mencionar la primacía de Dios y la búsqueda de su voluntad, menciona en tercer lugar la obediencia al superior, dando por supuesto en su momento que es quien más capacitado está para orientar.
Es conveniente, por tanto, encontrar como ayudar en el proceso espiritual cristiano a una persona sana, buena, experimentada; y cultivar una relación madura con ella estando dispuesto a aceptar las
correcciones. Es conveniente evitar elegir a alguien porque está de moda tener un “gurú”, o elegir a alguien por el sólo hecho de ser muy publicitado y conocido, o filtrar la elección optando por quien no te complique
mucho la vida, alguien que simplemente maquille tu flojedad justificando tu
vida de pequeño burgués.
Por otro lado, a la hora de escuchar correcciones, deberíamos abrir el abanico a ser corregidos por todas las personas que viven a nuestro lado y que sabemos nos quieren. Es una perniciosa arrogancia resistirse tercamente a escuchar a quienes tienen derecho a cuestionarnos: pareja, jefe, profesor, amigo, supervisor, etc. No es bueno dudar de su cariño y ridiculizar sus esfuerzos. Las personas que nos rodean y aquellas que se cruzan en nuestra vida son maestros que necesitamos para andar el camino espiritual. Para ello hace falta mucha humildad.
No tengo derecho mi a despreciar ni a desaprovechar la oportunidad que me dan los toques de atención que me vienen de fuera para crecer como persona bien desarrollada espiritualmente. Aprovechar las críticas recibidas es signo de honestidad y humildad, y es especialmente bueno cuando la corrección me viene de personas que sé que me quieren, lo cual no significa que siempre tengan razón, pero nunca debería ignorar que lo que pretenden es enseñarme. Es importante, por tanto, detenerme a contemplar todo lo que me dicen o sugieren, aunque a veces lo hagan con cierto enfado.
También es bueno pararme cuando vivo algún momento conflictivo puntual con alguien. Las reacciones suelen esconder verdades ocultas que por ignorancia o por miedo no vemos o nos negamos a ver.
* * *
La persona y el evangelio de Jesús,
sus enseñanzas, que vienen a ser una misma cosa -entiéndase el Evangelio como
Palabra hecha carne en Jesús, cf Jn 1,14- son el sol de tu vida. Este sol es el
astro sobre el que deben orbitar tus ocupaciones, tus proyectos; todo tiene
que estar sincronizado con Él. Si en el universo de tu vida hay conflicto es porque tienes
muchos planetas (aspectos de tu vida) sin su sol, cada uno orbitando a su
manera; repeliéndose, chocando, uniéndose entre ellos, compitiendo por las
lunas. Necesitas un eje central que sincronice todo con su gravedad, su fuerza
de atracción. Este eje es Jesucristo; y es sana toda persona, cosa o situación
que no interfiera tu conveniente equidistancia o acercamiento a Él; hay conductas (modos de conducirte) que
te alejan; otras te facilitan el camino. Es cuestión de saber elegir la senda,
los guías intermedios, los mejores compañeros y
los mapas más verdaderos. Andando (conduciéndote) se hace el camino.
Marzo 2023
Casto Acedo


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